{"id":44,"date":"2013-12-26T04:46:00","date_gmt":"2013-12-26T04:46:00","guid":{"rendered":"https:\/\/psifiloartes.org\/?p=44"},"modified":"2018-05-17T22:37:28","modified_gmt":"2018-05-17T22:37:28","slug":"la-locura-a-traves-de-la-historia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/psifiloartes.org\/?p=44","title":{"rendered":"LA LOCURA A TRAV\u00c9S DE LA HISTORIA"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Lida Prypchan<\/strong><br \/>\n<a style=\"clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;\" href=\"https:\/\/psifiloartes.org\/wp-content\/uploads\/2013\/12\/Peter-I-of-Portugal.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft\" src=\"https:\/\/psifiloartes.org\/wp-content\/uploads\/2013\/12\/Peter-I-of-Portugal.jpg\" alt=\"\" width=\"310\" height=\"286\" border=\"0\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b><\/b><span style=\"font-size: 14px;\"><strong><span style=\"font-family: 'Times New Roman';\">Pedro El Cruel, Rey de Portugal<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p>Pedro I, m\u00e1s conocido como Pedro el Cruel, era el hijo de Alfonso IV de Portugal. Pedro fue, sin lugar a dudas, el mejor ejemplo de la criminalidad psicop\u00e1tica: se levant\u00f3 en armas contra su padre, persigui\u00f3 a sus hermanos a muerte y termin\u00f3 envenenando a su propia hija. Cuando su padre, Alfonso IV muri\u00f3, lo sucedi\u00f3 en el trono.<\/p>\n<p>Pedro era d\u00e9bil e impulsivo, ten\u00eda de su padre la altivez de los t\u00edmidos y el tartamudeo ceceante de los hipersensibles. Desde ni\u00f1o sufr\u00eda desvanecimientos y era v\u00edctima de paroxismos de furor. Era tambi\u00e9n magn\u00e1nimo, justiciero, valiente e incondicional con sus leales. En \u00e9l florecieron de la misma forma la susceptibilidad, el resentimiento, la carencia de tacto y la ferocidad.<\/p>\n<p>\u201cEra corpulento de cabeza redonda, frente leal, boca ancha, gruesa y franca, y con ojos\u2026 ojos grandes y negros, pero risue\u00f1os en el buen trato, ojos impulsivos y con extremada vivacidad, lo mismo en la rudeza que en la dulzura. Gestos r\u00edgidos, paso recio y habla tartamuda\u2026\u00a0 Toda su expresi\u00f3n era desmedida. Por su sencillez, hac\u00eda amigos f\u00e1cilmente. Nada mesurado y de lealtad \u00e1spera, s\u00f3lo se sent\u00eda a gusto entre personas de amplia franqueza\u201d.<\/p>\n<p>El drama comienza a vislumbrarse el mismo d\u00eda de su boda. En el cortejo de su esposa, la dulce Do\u00f1a Constanza de Castilla, figura una dama: In\u00e9s de Castro, de notable belleza, de la que Pedro El Cruel se prenda desde el primer momento. In\u00e9s tambi\u00e9n corresponde a las solicitudes del Pr\u00edncipe. Do\u00f1a Constanza, finge ignorar las relaciones de su marido con su mejor amiga. La hace madrina del hijo que va a nacer. El hijo nace y la madre muere. Desde ese mismo instante, no hay barreras ni disimulos para los enamorados. Don Pedro instala a su concubina en el Palacio de Santa Clara.<\/p>\n<p>Antero Figueiredo observa: \u201c<em>en aquella\u00a0 \u00e9poca feliz, el rey Pedro daba muestras, sin que nadie supiese por qu\u00e9, de melancol\u00eda y su alma se ensombrec\u00eda de repente. Invadido por una tristeza salvaje, era intratable y pasaba por hura\u00f1o. Tambi\u00e9n, lo m\u00e1s insignificante le levantaba el \u00e1nimo o le perturbaba y enfurec\u00eda. Descontento y devorado por \u00edntimas aspiraciones no expresadas, viv\u00eda en una incertidumbre, como si en su coraz\u00f3n cerrado chocasen sucesivos anhelos pr\u00f3ximos a estallar<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Los a\u00f1os pasan y nacen tres hijos. Don Pedro proyecta en ellos su sucesi\u00f3n, pero por desgracia, su padre, el rey Don Alfonso, no piensa lo mismo. Parece que los hijos de In\u00e9s y el abandono que hace Don Pedro del hijo de Constanza, el Pr\u00edncipe Fernando, reactivan sus sufrimientos infantiles de cuando su padre lo posterg\u00f3 en su afecto por los hijos de una manceba. Por ese motivo, se levant\u00f3 dos veces en armas contra \u00e9l. Por ese mismo motivo, fue un obseso de la fidelidad conyugal y dict\u00f3 severas medidas contra el concubinato; es el motivo por cual tampoco puede Don Alfonso, soportar que su hijo viva con una barragana.<\/p>\n<p>Don Alfonso se identifica con su nieto, el hu\u00e9rfano y abandonado hijo de Constanza, y la imagen de sus hermanos que tanto le hicieron sufrir en su juventud. Por ello decreta la muerte de In\u00e9s. Aprovechando la ausencia de su hijo y, comandando personalmente a los verdugos, llega una tarde bruscamente al Palacio de Santa Clara. Los verdugos cayeron como fieras sobre In\u00e9s. En presencia de sus hijos, entre gritos, lamentos y maldiciones, le fue cortada la cabeza.<\/p>\n<p>Don Pedro al saber la noticia se vuelve loco. Pasa alternativamente de la crisis de furor a la depresi\u00f3n m\u00e1s profunda. Los desvanecimientos de su juventud se acompa\u00f1an ahora de convulsiones. Llora desolado como un ni\u00f1o y destroza al mismo tiempo, todo cuanto se encuentra a su paso.<\/p>\n<p>Escribe Figueiredo: \u201c<em>Don Pedro echa espumarajos, los ojos estr\u00e1bicos anuncian epilepsia, la boca fruncida escupe ira y, de la garganta contra\u00edda sale el mismo grito de s\u00faplica, c\u00f3lera, l\u00e1stima y pasi\u00f3n\u2026 Arde su cerebro. El menor ruido es para sus o\u00eddos aguda pu\u00f1alada que le atraviesa la cabeza de lado a lado<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>El remordimiento de haber abandonado a In\u00e9s a merced de sus enemigos lo atormenta y, \u00e9sta idea brilla en un desequilibrio monstruoso que lo se\u00f1alar\u00e1 en la historia. \u201c\u2026 <em>La fiebre que tuvo el infante a las puertas de la locura y la muerte, le afect\u00f3 para siempre el cerebro ya tarado que ten\u00eda<\/em>\u2026\u201d<\/p>\n<p>Seguido de sus incondicionales, le declara la guerra a su padre. Las hordas de Don Pedro siembran el terror por donde pasan. Desde Co\u00edmbra a Oporto, los \u00e1rboles se inclinan bajo el peso de los ahorcados. El furor epil\u00e9ptico no tarda en agotarse. El pr\u00edncipe cay\u00f3 en un estado de indiferencia extra\u00f1a. Padre e hijo se reconcilian. Don Alfonso le concede la alta y baja jurisdicci\u00f3n del reino, para demostrarle su confianza y afecto. El pueblo, sin embargo, se santigua cuando ve a aquel pr\u00edncipe pasar a galope por sus calles en busca de una imaginaria presa de caza.<\/p>\n<p>Remata a los animales con sus propias manos, provoc\u00e1ndose un extra\u00f1o fulgor en la mirada cuando sus manos se ti\u00f1en de sangre. Con el mismo rigor, persigue a cuantos faltan a la ley. Lleva siempre un l\u00e1tigo con el que flagela a los culpables. Asiste a las torturas de los reos y m\u00e1s de una vez sustituye al verdugo. Se muestra inflexible y r\u00edgido en la aplicaci\u00f3n de la justicia.<\/p>\n<p>A la mujer de un comerciante sorprendido en adulterio, la hace quemar viva en la plaza p\u00fablica y, al marido lo condena a que corra con los gastos de la ejecuci\u00f3n. Hace justicia en la Plaza Mayor, vestido totalmente de negro y rodeado de perros gigantescos. Sus penas son tremendas y var\u00edan seg\u00fan el \u00e1nimo.<\/p>\n<p>Al sentir que su fin se acerca, el rey Don Alfonso aconseja a los que tuvieron algo que ver con la muerte de In\u00e9s, que pongan tierra de por medio entre ellos y su hijo. Tan pronto muri\u00f3 Don Alfonso, Don Pedro da la orden de arrestar a todos los victimarios de In\u00e9s. Dos de los asesinos son torturados hasta lo incre\u00edble. Finalmente el rey les hace arrancar los corazones todav\u00eda vivos y los devora ante el espanto del pueblo que contempla aterrado aquella escena.<\/p>\n<p>Desentierra el cad\u00e1ver de In\u00e9s, lo sienta en el trono y, obliga a toda la realeza a que le rinda homenaje bes\u00e1ndole la mano. Su paroxismo de furor y desesperaci\u00f3n se alternan con los de alegr\u00eda patol\u00f3gica. Organiza grandes festines populares donde baila incansablemente hasta caer rendido.<\/p>\n<p>Diez a\u00f1os rein\u00f3 Don Pedro. A los 47 a\u00f1os dej\u00f3 este mundo, el fiel amante de In\u00e9s de Castro, quien no pudiendo reinar en vida, rein\u00f3 despu\u00e9s de morir. Algunos autores consideran como demente a Pedro el Cruel de Portugal, en tanto que otros le tienen por justiciero y amante del pueblo.<\/p>\n<p>Pedro el Cruel, en opini\u00f3n de los psiquiatras, es un enfermo mental severo;\u00a0 muy probablemente esquizofr\u00e9nico, o en el menor de los casos, psic\u00f3pata paranoide sanguinario. Su violencia y sus desmayos, les hacen pensar en la participaci\u00f3n de un gen epil\u00e9ptico.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Lida Prypchan Pedro El Cruel, Rey de Portugal Pedro I, m\u00e1s conocido como Pedro el Cruel, era el hijo de Alfonso IV de Portugal. 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