{"id":34,"date":"2014-01-28T13:01:00","date_gmt":"2014-01-28T13:01:00","guid":{"rendered":"https:\/\/psifiloartes.org\/?p=34"},"modified":"2018-05-17T13:12:27","modified_gmt":"2018-05-17T13:12:27","slug":"un-dia-en-el-campo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/psifiloartes.org\/?p=34","title":{"rendered":"UN D\u00cdA EN EL CAMPO"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Lida Prypchan<\/strong><\/p>\n<p><a style=\"clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;\" href=\"https:\/\/psifiloartes.org\/wp-content\/uploads\/2014\/01\/image0031.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft\" src=\"https:\/\/psifiloartes.org\/wp-content\/uploads\/2014\/01\/image0031.jpg\" width=\"355\" height=\"237\" border=\"0\" \/><\/a><\/p>\n<p>El aspecto f\u00edsico de Exemoniac \u00a0no enga\u00f1aba. Su apariencia\u2026 ni hablar\u2026 lo dec\u00eda todo. Sin darse cuenta hab\u00eda pasado por la vida sin que la vida pasase por \u00e9l. Estaba \u2013 la mayor\u00eda de las veces \u2013 totalmente distra\u00eddo, como si no quisiera ver fuera de s\u00ed mismo; tal vez para no afligirse m\u00e1s de lo necesario \u2014 \u00a1qu\u00e9 inteligencia la de ese hombre!<\/p>\n<p>Era alto, como todos los hombres ingenuos y lentos, como eran todos los hombres altos. Su boca era inmensamente grande, como todos los hombres sinceros. Era demasiado bueno y su aire despistado le ayudaba a resguardarse de esa excesiva bondad o quiz\u00e1s para obviar los golpes, que pod\u00edan convertirse en necedad.<\/p>\n<p>Quienes lo conocieron de peque\u00f1o, comentaban con sorpresa el gran cambio que hab\u00eda dado. De ni\u00f1o, fue m\u00e1s bien algo travieso y pesado en sus juegos. Su adolescencia hab\u00eda sido tormentosa, ya que quiso quemar demasiadas etapas a la vez. Por ende, no quem\u00f3 etapas paulatinamente, sino que tuvo un incendio en su vida, cuyas marcas le dejaron la amarga sensaci\u00f3n de la precocidad mal guiada y el miedo propio de esta experiencia. En su adultez quiso en cambio llevar adelante una tranquila existencia.<\/p>\n<p>Era perezoso, como todos los millonarios, y prejuiciado y moralista, como todos los viejos a destiempo.<\/p>\n<p>Lucy, era una fotocopia fiel de su madre, casi un dictado mental de ella: interesada, como todas las personas\u00a0 fr\u00edvolas, mentirosa como las mosquitas muertas, o manipuladora como las ara\u00f1as. Cuando Exemoniac \u00a0la ve\u00eda pasar, sent\u00eda como si su coraz\u00f3n necesitara un marcapasos, los ojos se le brotaban y las manos le sudaban. Lucy, por su parte, amaba el carro del ingenuo Exemoniac. \u00a0Y as\u00ed, el amor y el inter\u00e9s se fueron al campo un d\u00eda y m\u00e1s pudo el inter\u00e9s que el amor que sent\u00edan.<\/p>\n<p>Dicen que polos opuestos se atraen; el amor y el desamor se atraen, por lo menos durante el tiempo en que el simulador se encubre. En este caso, quien ten\u00eda que disimular era Lucy \u00a1y qu\u00e9 bien lo hac\u00eda! Era sumamente bondadosa con \u00e9l, lo trataba cual ni\u00f1o peque\u00f1o que puede extraviarse y dejarle todos sus millones. Pero, como dec\u00eda un fil\u00f3sofo \u201cdesde que no busco encuentro\u201d, o sea, que basta anhelar mucho algo para que no se cumpla. Lucy construy\u00f3 en el m\u00e1s ac\u00e1, las mil y una trampas para que su esposo Exemoniac se fuera al m\u00e1s all\u00e1, e irremediablemente nada suced\u00eda: Exemoniac , segu\u00eda distra\u00eddo.<\/p>\n<p>Como ten\u00eda que distraerse, Lucy comenz\u00f3 a hacer fiestas para burlarse de sus invitados; oficio de ricos, por supuesto. En uno de esos festejos, conoci\u00f3 a un hombre que le puso la verg\u00fcenza de corbata y la humillaci\u00f3n de vestido. Al verlo, ella sent\u00eda un escalofr\u00edo en su interior y no era capaz de articular palabra alguna. Cuando hablaban, sent\u00edan el \u00e9xtasis del encanto amoroso y el miedo de la atracci\u00f3n f\u00edsica. Conscientes de sus intenciones, le daban largas al asunto dejando madurar el momento, como si lo fueran a disfrutar m\u00e1s, mientras m\u00e1s lo demoraran.<\/p>\n<p>Gustaban de practicar el arte de la resistencia y el dominio aparente, gozando juntos de peque\u00f1os detalles, tales como hacer contacto con palabras y miradas y, conversar largamente sobre temas banales. Este hombre -pensaba Lucy- es diferente a los dem\u00e1s: es paciente, distante, discreto y observador, no es apremiante en la consecuci\u00f3n de sus deseos, como los otros, que se comportan como si hubiesen acabado de salir de la c\u00e1rcel, lo cual espanta a las mujeres.<\/p>\n<p>Lucy amaba demasiado la comodidad para abandonar a Exemoniac \u00a0y amaba, por primera vez, para dejar escapar a su \u00fanico y, quiz\u00e1s, \u00faltimo amor.<\/p>\n<p>Todo comenz\u00f3 siendo una pasi\u00f3n. Las caricias de su amante surt\u00edan el efecto de una droga, eran excitantes e hipn\u00f3ticas a la vez. Lucy no ten\u00eda m\u00e1s que dejar caer su voluntad, dejar de ser ella misma; se convert\u00eda en nada, salvo un vaso de placer palpitante, la c\u00e1lida tiniebla de un abismo. Y am\u00e1ndose, compartiendo juntos con su cuerpo y con su esp\u00edritu, fueron conoci\u00e9ndose y enamor\u00e1ndose como si nunca m\u00e1s lo fueran a experimentar de nuevo.<\/p>\n<p>En efecto, Lucy nunca m\u00e1s volvi\u00f3 a experimentarlo. El tiempo y su amada comodidad lo disolvieron todo, menos los recuerdos que junto al ni\u00f1o viejo Exemoniac evocaba a diario y, finalmente, se fueron al campo un d\u00eda y m\u00e1s pudo el inter\u00e9s que el amor que le ten\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Lida Prypchan El aspecto f\u00edsico de Exemoniac \u00a0no enga\u00f1aba. Su apariencia\u2026 ni hablar\u2026 lo dec\u00eda todo. Sin darse cuenta hab\u00eda pasado por la vida sin que la vida pasase por \u00e9l. 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