{"id":33,"date":"2014-01-28T13:03:00","date_gmt":"2014-01-28T13:03:00","guid":{"rendered":"https:\/\/psifiloartes.org\/?p=33"},"modified":"2018-05-17T13:02:48","modified_gmt":"2018-05-17T13:02:48","slug":"un-metro-cuadrado-de-intimidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/psifiloartes.org\/?p=33","title":{"rendered":"UN METRO CUADRADO DE INTIMIDAD"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Lida Prypchan<\/strong><\/p>\n<p><a style=\"clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;\" href=\"https:\/\/psifiloartes.org\/wp-content\/uploads\/2014\/01\/image_001.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft\" src=\"https:\/\/psifiloartes.org\/wp-content\/uploads\/2014\/01\/image_001.jpg\" width=\"349\" height=\"250\" border=\"0\" \/><\/a><\/p>\n<p>Los potenciales compradores recorrieron calles y avenidas, escudri\u00f1aron esquinas, con una sola idea en mente: resolver su problema habitacional. Finalmente, la se\u00f1ora D., su esposo y su peque\u00f1o hijo, cansados, decidieron detenerse en un peque\u00f1o conjunto residencial a dar la pelea, reclamar justicia o, en \u00faltima instancia, pedir misericordia.<\/p>\n<p>El agente encargado gustosamente les mostr\u00f3 los apartamentos en venta y las magn\u00edficas facilidades que la compa\u00f1\u00eda ofrece de pago en c\u00f3modas, aunque costosas cuotas, durante treinta a\u00f1os. Posterior a la grata entrevista, la se\u00f1ora D. toma la palabra y le expone al se\u00f1or agente encargado su aflicci\u00f3n, o m\u00e1s bien emoci\u00f3n que ella llama \u201c<em>desesperaci\u00f3n habitacional<\/em>\u201d y, minutos despu\u00e9s, para darle color a la conversaci\u00f3n en tono dram\u00e1tico, le dice al vendedor: se\u00f1or Agente, yo, una humilde habitante del universo, s\u00f3lo reclamo un metro cuadrado de intimidad.<\/p>\n<p>Con expresi\u00f3n inmutable, la observa el agente inmobiliario encargado de la venta y le dice que comprende, pero que nada puede hacer para ayudarla, aunque si alguna sugerencia cabe, le aconseja escribir una carta a los due\u00f1os del edificio para reconsideraci\u00f3n de su caso. Contenta porque la tuvieron en cuenta, se fue la se\u00f1ora D. con su esposo (un hombre silencioso, que aprendi\u00f3 a acatar los magn\u00edficos resultados del dramatismo de su mujer) y su peque\u00f1o hijo \u00ad\u2014 un chiquillo tambi\u00e9n silente que no conoce de triqui\u00f1uelas, pero con semejantes maestros pronto aprender\u00e1.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n les presento la misiva redactada por la se\u00f1ora D., bajo la supervisi\u00f3n silenciosa y pr\u00e1cticamente nula de su amado esposo:<\/p>\n<p>Admirados Propietarios del Conjunto Residencial Piedra Negra:<\/p>\n<p>S\u00f3lo deseo robar unos minutos a sus cansados ojos, para exponerles mi situaci\u00f3n habitacional. Har\u00e9 una peque\u00f1a s\u00edntesis de mi vida, para que luego puedan comprender la magnitud del actual problema habitacional que mi familia y yo padecemos.<\/p>\n<p>Comenzar\u00e9 dici\u00e9ndoles que siempre he vivido en casas peque\u00f1as, sobre todo teniendo en cuenta que \u00e9ramos catorce hermanos. Por lo regular eran casas de una sola habitaci\u00f3n, indistinguible del comedor; en esa sola y peque\u00f1a habitaci\u00f3n conviv\u00edamos y nuestros colchones estaban como nosotros esparcidos a lo largo del cuchitril, pero all\u00ed tambi\u00e9n cohabit\u00e1bamos con la lavadora, la secadora, la mesa de planchar &#8211; cuyas patas no se pod\u00edan doblar a causa del \u00f3xido -, la m\u00e1quina de coser de mi madre, la m\u00e1quina de escribir de uno de mis hermanos &#8211; que era periodista y se encargaba de recoger noticias sangrientas para las p\u00e1ginas amarillas de los diarios -, los libros de la familia que por cierto eran innumerables, ya que debo reconocer que com\u00edamos poco pero le\u00edamos mucho debido a que nuestro padre cultiv\u00f3 en nosotros lo que en casa llam\u00e1bamos \u201c<em>sed de conocimientos<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Si tienen ustedes un poco de intuici\u00f3n y algo de inteligencia, podr\u00e1n hacerse una idea de lo que era la vida de familia en nuestra casa. Dorm\u00edamos unos sobre otros y por carencia de comedor, a veces pon\u00edamos el plato de comida sobre la cabeza de alg\u00fan hermano para poder comer. Primero, com\u00eda mi padre y lo que \u00e9l iba dejando lo repart\u00eda primero a los varones y luego a las mujeres, de \u00faltimo com\u00eda mi madre.<\/p>\n<p>Mi padre era sobrepasado de peso, mis hermanos rellenos y, mis hermanas, mi madre y yo desnutridas, pero afortunadamente somos mujeres y no se espera mucho de las mujeres ya que por lo regular se considera que no proporcionan nada genial. No s\u00e9 a\u00fan qu\u00e9 es mejor: si ser un tonto relleno o un tonto desnutrido: ahora que lo pienso mejor, creo que es mejor lo segundo, porque el tonto relleno no tiene excusas, el tonto relleno engord\u00f3 sus neuronas y las ech\u00f3 a dormir en lugar de exprimirlas.<\/p>\n<p>De esta idea sale mi tesis que dice que: el rendimiento neuronal y, por ende, la capacidad intelectual son inversamente proporcionales a la cantidad de alimento que reciben las neuronas; esto explica porqu\u00e9 ning\u00fan obeso es un genio.<\/p>\n<p>Mi problema habitacional, como podr\u00e1n ver, comienza desde mi nacimiento. A los 18 a\u00f1os, me enamor\u00e9 de mi primer esposo, pero me enamor\u00e9 m\u00e1s de la idea de irme de mi casa. Es indudable que no lo pens\u00e9 bien, porque si lo hubiera pensado bien, no me hubiera casado, pero para salvarme podr\u00eda argumentar el raqu\u00edtico estado de mis neuronas.<\/p>\n<p>Me cas\u00e9 y antes de casarme no me percat\u00e9 que me casaba con un individuo paranoico y amante de los espacios peque\u00f1os y la vida aislada, entonces no s\u00f3lo termin\u00e9 en una casa peque\u00f1a, sino tambi\u00e9n aislada con el interno temor de la llegada de los ladrones. Para prevenirnos de la llegada de los ladrones, pusimos rejas por todos lados, a nuestro peque\u00f1o hijo le construimos una cuna con rejas, construimos un garaje port\u00e1til de rejas, metimos mis prendas y el dinero en el banco.<\/p>\n<p>Con el paso de los a\u00f1os, fuimos llevando todo al banco: los muebles, el comedor, la consola, la nevera, el DVD, la pulidora, la batidora, hasta que finalmente mi esposo cay\u00f3 en un estado tan angustioso que decidi\u00f3 meterme a m\u00ed tambi\u00e9n en la caja fuerte de la entidad bancaria. Me dijo: <em>aqu\u00ed estar\u00e1s segura<\/em>.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de unos d\u00edas, fastidiada con el encierro y la oscuridad, arm\u00e9 un esc\u00e1ndalo y me regresaron a la realidad nuevamente. Una vez fuera de la caja fuerte, present\u00e9 la demanda de divorcio y a los tres a\u00f1os me volv\u00ed a casar. Ahora, s\u00ed puedo decir, que estoy bien casada, nos la llevamos bien y la verdad es que ser\u00eda dif\u00edcil llev\u00e1rnosla mal porque mi esposo no habla. Por estas razones, le pido que consideren mi caso.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Lida Prypchan Los potenciales compradores recorrieron calles y avenidas, escudri\u00f1aron esquinas, con una sola idea en mente: resolver su problema habitacional. Finalmente, la se\u00f1ora D., su esposo y su peque\u00f1o hijo, cansados, decidieron detenerse en un peque\u00f1o conjunto residencial a dar la pelea, reclamar justicia o, en \u00faltima instancia, pedir misericordia. 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