{"id":135,"date":"2012-10-19T12:04:00","date_gmt":"2012-10-19T12:04:00","guid":{"rendered":"https:\/\/psifiloartes.org\/?p=135"},"modified":"2018-06-15T01:55:06","modified_gmt":"2018-06-15T01:55:06","slug":"que-se-puede-hacer-en-80-anos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/psifiloartes.org\/?p=135","title":{"rendered":"\u00bfQU\u00c9 SE PUEDE HACER EN 80 A\u00d1OS?"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Lida Prypchan<\/strong><\/p>\n<p>Don Ernesto cumpl\u00eda ochenta a\u00f1os. Y con el sentido filos\u00f3fico de la vida que siempre lo hab\u00eda caracterizado se preguntaba, tal como hac\u00eda cuarenta a\u00f1os atr\u00e1s, qu\u00e9 conclusiones pod\u00eda extraer de su existencia.<\/p>\n<p>Pues ninguna del otro mundo, por lo que prefiri\u00f3 simplemente imaginarse qu\u00e9 har\u00eda si volviese a nacer. La ventaja de llegar a los ochenta a\u00f1os de existencia, era que uno se daba cuenta de c\u00f3mo hab\u00eda que vivir y cu\u00e1les eran las cosas que val\u00edan la pena en la vida.<\/p>\n<p>A su modo de ver eran: iniciar la semana con una comedia televisiva, ver crecer a un hijo (o a varios), tomarse unos tragos y conversar amenamente con un amigo, llorar poco y a tiempo, caminar bajo la lluvia, dejar que las cosas lleguen y no buscarlas, pasar desapercibido, vivir el amor aunque mal pague y, amar la soledad como m\u00e1xima expresi\u00f3n de la inteligencia humana y de la capacidad espiritual.<\/p>\n<p>Pero &#8211; pens\u00f3 Don Ernesto &#8211; ochenta a\u00f1os es poco tiempo para una vida. Un verdadero programa de vida deber\u00eda durar ochocientos a\u00f1os, de manera de garantizarse una evoluci\u00f3n satisfactoria en cada faceta de la vida.<\/p>\n<p>Los primeros cien a\u00f1os ser\u00edan dedicados por completo a los juegos y a la satisfacci\u00f3n de la curiosidad infantil: cien a\u00f1os jugando metras, yo-yo, quemado, trompo; cien a\u00f1os haciendo preguntas que los adultos de quinientos a\u00f1os de edad no nos podr\u00edan responder.<\/p>\n<p>Los siguientes cien a\u00f1os podr\u00edamos pasarlos aprendiendo a multiplicar y a dividir en la escuela primaria, aprendiendo a entender el absurdo de la historia, cien a\u00f1os ri\u00e9ndonos de los maestros que les gusta ridiculizar a los alumnos.<\/p>\n<p>As\u00ed, doscientos a\u00f1os despu\u00e9s ser\u00edamos promovidos a la Educaci\u00f3n Media, a ver si en cien a\u00f1os ser\u00eda posible aprender o al menos medio entender: la trigonometr\u00eda con sus m\u00faltiples e innecesarias l\u00edneas y \u00e1ngulos, la qu\u00edmica con esa cantidad de carbonos, hidr\u00f3genos y nitr\u00f3genos que nunca se sabe de d\u00f3nde diablos salen y la composici\u00f3n del aire que a fin de cuentas lo que hay que saber es que lo necesitamos para respirar y punto.<\/p>\n<p>Si a los doscientos a\u00f1os ingres\u00e1ramos a la escuela secundaria, mucho tiempo atr\u00e1s nos hubi\u00e9ramos encargado de descartar una serie de materias innecesarias del pensum de estudio. Pero es l\u00f3gico: con la prisa que vivimos qui\u00e9n se va a poner a revisar el pasado para proporcionar un mejor presente.<\/p>\n<p>A los trescientos a\u00f1os tendr\u00edamos cien a\u00f1os de vacaciones bien merecidas: cien a\u00f1os para pensar qu\u00e9 carrera vamos a estudiar. Eso s\u00ed, sin presiones familiares, sin presiones estatales ni municipales, sin presiones de los vecinos\u2026. \u00a0En esos cien a\u00f1os uno debe conocer el amor de pareja y otras muchas cosas propias de la juventud para poder tomar una decisi\u00f3n equilibrada en relaci\u00f3n a la profesi\u00f3n.<\/p>\n<p>A los cuatrocientos a\u00f1os, una vez iniciada la Educaci\u00f3n Superior, hay que empaparse de la pol\u00edtica del pa\u00eds: eso como una preparaci\u00f3n al escepticismo, a que no se puede creer en promesas ni en cuentos chinos; pueden ser muy \u00fatiles esos cien a\u00f1os para aprender a decir mentiras, planificar con alevos\u00eda, ser hip\u00f3crita no importa con qui\u00e9n, distraerse con la cosa p\u00fablica, sonre\u00edr sin ganas, aprovecharse de un cargo p\u00fablico para cometer injusticias.<\/p>\n<p>A los quinientos a\u00f1os llegar\u00eda el momento de casarse con una m\u00e1quina de hacer hijos, que se levante a las 6 a.m. a hacer desayuno, que espere las once para ponerse a cocinar, que espere las 6 p.m. para ver como se sancocha una papa que pel\u00f3 con m\u00e1s desgano que el d\u00eda anterior, que espere hasta las 8 p.m. para ver c\u00f3mo llega el afortunado consorte a comerse en dos minutos lo que ella cocin\u00f3 en una hora y media.<\/p>\n<p>La afortunada aprender\u00eda a bordar para no pensar, o se dedicar\u00eda a hacer las cortinas de la sala o la mesa del comedor o quiz\u00e1s empapelar\u00eda la casa entera, y el afortunado se dedicar\u00eda, si fuese un depresivo a pescar, si fuese un descarado a perseguir colegialas.<\/p>\n<p>A los seiscientos a\u00f1os llegar\u00edan la menopausia y la andropausia.<\/p>\n<p>A los setecientos ya los dos afortunados se han comprado dos mecedoras y pasan sus \u00faltimos cien a\u00f1os inventando cuentos para s\u00ed mismos y para sus nietos.<\/p>\n<p>Y al cumplir ochocientos a\u00f1os Don Ernesto nos dir\u00eda: al cumplir esta edad es que se empieza a saber c\u00f3mo habr\u00eda que vivir y cu\u00e1les son las cuatro o cinco cosas que realmente valen la pena.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Lida Prypchan Don Ernesto cumpl\u00eda ochenta a\u00f1os. 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